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6.may.2013 / 04:20 pm / Haga un comentario

El 26 de abril, la dirigente revolucionaria Lídice Navas fue agredida durante un cacerolazo protagonizado por antichavistas, cuando cenaba con su hermano en un restorán.

Los clientes que se encontraban en el establecimiento comenzaron a golpear los vasos y las botellas porque a esa hora, 8:30 pm, el presidente Nicolás Maduro inició una transmisión conjunta de radio y televisión.

Al poco rato Navas sintió un golpe en la parte posterior de la cabeza y al tocarse se dio cuenta de que estaba herida. A la dirigente la golpearon con una mesa de madera y en un centro de salud le tomaron seis puntos de sutura.

En una entrevista concedida al Correo del Orinoco, expresó que en la trifulca que se originó en la plenaria de la Asamblea Nacional del martes 30 de abril y en la agresión de la que fue objeto, la oposición usó el mismo formato; es decir, provocó a los dirigentes revolucionarios para desencadenar un conflicto que la beneficiara.

Aseguró que continuarán los hechos violentos y que la intención es provocar una respuesta agresiva de los revolucionarios para justificar una intervención extranjera: “El objetivo final es recuperar el poder. Los opositores cumplen una orden de los imperios, que no solo es Estados Unidos, sino también las trasnacionales para hacerse de los recursos y recuperar lo que consideran su patio trasero”.

Estos ataques buscan debilitar un proceso que comenzó hace 14 años. Aseveró que la construcción de una sociedad más justa en todos los pueblos de Latinoamérica “la inició Hugo Chávez; la inició Venezuela”.
RESISTENCIA

Si algo caracteriza a Navas es su resistencia. Durante la entrevista expresó: “Los explotados tienen el derecho humano a resistirse y a buscar una vida mejor”.

A pesar de los golpes que ha recibido en su lucha, se mantiene firme: “Aquí seguimos, aquí continuamos; esto es un compromiso de vida”.

Su incursión en la política comenzó en la Universidad Central de Venezuela (UCV), en la cual se graduó como licenciada en letras en 1968.

No obstante, durante el bachillerato que cursó en el liceo José Luis Ramos de Maracay, presenció la represión contra los estudiantes.

Pero no fue sino en Caracas, específicamente en la calle Los Alpes de El Cementerio, cuando conoció la pobreza que afectaba a muchas familias venezolanas. Corría el año 1964.

En la UCV se incorporó al proceso revolucionario y milita en el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), partido que se crea luego que un grupo de militantes se separa de Acción Democrática por estar en desacuerdo con la conducción de la organización por parte de Rómulo Betancourt, ya que consideraban que había traicionado los principios e ideales: “Se dieron cuenta de la traición de que fueron objeto luego del derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez”.

Recuerda que una de las primeras órdenes de Betancourt al asumir la presidencia fue “disparen primero y averigüen después”.

A causa de la persecución política el MIR pasó a la clandestinidad y sus militantes tomaron las armas.

En ese tiempo, Navas cada día se comprometía más con la lucha en el consejo revolucionario.

Contó que a finales de la década del 60, el MIR se dividió y surgieron tres organizaciones. Un sector continuó en el MIR, otro que formaba parte del Frente Antonio José de Sucre se conformó en diciembre de 1969 como Bandera Roja y un tercer sector crea la Organización de Revolucionarios.

Lídice Navas se integró a Bandera Roja: “Fueron años de gran agitación política y, por supuesto, se intensificó la persecución política y los asesinatos”

Navas, quien forma parte de la Comisión por la Justicia y la Verdad, estima que entre 1958 y 1998 fueron asesinadas, torturadas y desaparecidas alrededor de 3 mil personas: “Fue una época tenebrosa que el pueblo en general no conoció”.
FASCISTAS SIEMPRE

Navas aseguró que las y los fascistas de hoy “siempre fueron fascistas y desarrollaron el terrorismo de Estado desde 1958, comenzando por Rómulo Betancourt que suspendió las garantías poco tiempo después de la aprobación de la Constitución de 1961”.

En esa década se desató la persecución “contra las fuerzas que intentaban restaurar el sueño por el cual el pueblo luchó cuando derrocó a Pérez Jiménez”.

Navas fue víctima de la represión. En 1972 le allanaron por primera vez su casa. En ese tiempo era profesora en la escuela básica de la Facultad de Medicina de la UCV y trabajaba en la biblioteca central.

Varias veces fue detenida por la Disip y sufrió tortura psicológica en los calabozos conocidos como “tigritos” donde era sometida a interrogatorios y amenazas.

Contó que en 1980, cuando la vendaron y le colocaron en la sien un revólver: “Continuamente apretaban el gatillo”.

La dirigente revolucionaria renunció a su trabajo en la UCV en 1976, cuando se intensificó la represión y la persecución.

Se incorporó a la lucha armada, junto a su esposo Julio César Guzmán, y comenzó su etapa clandestina en el oriente del país: “Me adapté a la vida guerrillera y fue una etapa en la que compartí con los campesinos a los que alfabeticé porque un pueblo que no se educa, que no se forma, no avanza”.

En 1980 nuevamente fue capturada por la Disip que la encarcela durante 33 días, hasta que se asiló en México. Allí conoce la lucha del pueblo salvadoreño y se integra al Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

Navas también apoya el movimiento. El 29 de diciembre de 1981 su esposo murió en combate y 10 años más tarde su hijo mayor, Julio César Guzmán Navas, fue capturado y asesinado: “Ni la muerte de mi esposo ni la muerte de mi hijo han quebrado mi voluntad de lucha. Es un compromiso de vida”.

 

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