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16.feb.2013 / 12:43 pm / Haga un comentario

Hace 28 años, 16 de febrero de 1985, un grupo numeroso de militantes marxistas–leninistas nos encontrábamos reunidos en Barlovento, representando a numerosos colectivos de izquierda convocados para debatir, entre varios puntos, el tema de la unidad.

Habíamos avanzado dos días de intensos debates cuando nos llegó la terrible noticia: “Camaradas, nuestro cantor Alí Primera ha fallecido en un accidente de tránsito”. Un largo silencio se hizo entre los asistentes, enmudecimos, nadie quería hablar, nuestros ojos se humedecieron y varios camaradas nos abrazamos tan fuerte que por momentos sentimos asfixiarnos. Nuestros rostros se enrojecieron y todos sospechamos lo peor, “el enemigo mató al panita”, “lograron el objetivo”. Aún enmudecidos por un largo rato, no salíamos de nuestra rabia hasta que de repente un camarada, quizás el más osado y viendo aquella escena tan triste lanzó un grito: “Camaradas, ‘los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos’. Eso nos los enseñó Alí”. Un estallido de aplausos se hizo sentir entre los presentes, quienes al unísono cantamos la consigna militante de nuestros mártires: “Honor y Gloria a nuestro camarada Alí”.

Poco a poco fuimos secando nuestras lágrimas y se aprobaron algunas propuestas, un minuto de silencio y el traslado de un grupo de compañeros a rendirle tributo en nombre de los colectivos reunidos. Luego de varias intervenciones decidimos seguir el debate, pues considerábamos que nuestro cantor hubiese querido estar presente para dar su aporte en uno de los temas en el que más insistió y que en la mayoría de sus canciones era una constante, el de la unidad y así nos los expresaba: “¿Por qué no nos unimos? Y luchamos como hermanos, por la patria que está herida, nuestra patria la que amamos. Pregunto, pregunto, por qué nos dividimos, si sólo alegramos a nuestros enemigos”.

Hace 28 años, obreros, campesinos y estudiantes acudimos pronto a llevar en nuestros hombros aquel cuerpo dormido del cantor de los humildes, explotados y oprimidos. El Alma Máter, la Universidad Central de Venezuela, fue su primera parada: “Alma Máter, quieren matarte”. La UCV, la que defendió de los esbirros de la Cuarta República que la allanaban cada vez que les daba la gana ocasionando muertos, heridos, detenidos y destrozos, ésa era la democracia puntofijista dando lecciones de democracia a los estudiantes universitarios que en aquella época siempre estuvieron en la primera fila de combate por la construcción del socialismo.

Allí, en aquella casa que vencía las sombras, miles acudieron a ratificar el compromiso al camarada cantor, de seguir luchando por la patria hasta verla liberada. El avelachao fue el himno que acompañó aquella velada: “Soy comunista toda la vida y comunista he de morir”. Aquel combativo recinto se fue llenando de flores rojas, de poemas, de canciones, pero sobre todo del juramento al panita de seguir luchando por la patria.

De la universidad para Falcón, a cumplir el deseo de nuestro poeta. Una larga marcha integrada por los hombres y mujeres humildes de nuestra patria. “Si no sirve mi canción para que se encienda tu alma; quema entonces mi guitarra pero que crezca la llama”. Cómo no acordarnos de aquel 16 de febrero de 1985. “Adiós hermanos, seguiré cantando”. Era Alí, despidiéndose de sus camaradas Enrique y Pepe, muertos en las mismas circunstancias en que años más tarde el poeta tendría que enfrentar: “Adiós en dolor mayor”.

Desde aquella fecha de su siembra, el canto de Alí no ha dejado de acompañar las luchas de nuestro pueblo. Sus canciones son y han sido consignas de lucha y combate: “Que mi canto no se pierda”, era su deseo, y siempre nos lo recordaba: “Toma tu guitarra, empuña tu conciencia y canta”.

Para Alí su canción era un compromiso por transformar y elevar la conciencia del pueblo; pero, también, para él era su propio compromiso: “Si el cantante no es militante de la misma lucha a la cual canta, se convierte simplemente en un comediante de su propio espíritu”.

A 28 años de la siembra de nuestro panita, aún no estamos convencidos de que aquella muerte haya sido un mero accidente. Diversos atentados fueron hechos por los cuerpos de seguridad de la Cuarta República con intenciones de hacerlo callar para siempre, ante el daño que para los opresores significaba el canto que era más que una canción, eran notas de conciencia que elevaban el espíritu combativo de nuestro pueblo. “Esos carajos no entienden que podrán matarme físicamente, pero no podrán matar la idea”, era su respuesta ante las reiteradas ocasiones en que el enemigo quiso asesinarlo, y, más allá de intimidarlo, surgía con una dignidad a toda prueba: “Es así de simple, hermanos, cuando recibo golpes, alzo la frente y canto”.

La canción de Alí siempre ha estado presente en el combate popular. “No por cantar debemos eludir el hermoso deber de estar presentes en la definitiva barricada”. Es así que el 27 y 28 de febrero de 1989 la canción necesaria estuvo presente en las barricadas levantadas por el pueblo: “Canta, canta, compañero, que su voz sea disparo, que con las manos del pueblo no habrá canto desarmado”. Reafirmó siempre su confianza en el movimiento popular al que alentó: “Los que sueñan y combaten me animan a cantar por ellos”.

La canción de Alí estuvo presente en la rebelión patriótica del 4 de febrero de 1992, cuando insurgió de las filas del ejercito burgués un numeroso grupo de oficiales patriotas, revolucionarios y antiimperialistas, comandados por el hoy presidente de nuestra República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, líder fundamental de nuestro proceso bolivariano que hoy avanza junto al pueblo hacia la construcción del socialismo: “Soldado, vuelca el fusil contra el oligarca”. Oficiales y soldados patriotas indignados por la masacre del 27 y 28 de febrero de 1989 hicieron recordar el pensamiento de nuestro Libertador: “Maldito el soldado que dispara contra el pueblo”. Hoy, 28 años después de la siembra de nuestro amado poeta, ya los soldados no sirven al jardín de un general, pues construyen junto a nuestro pueblo, la Fuerza Armada Bolivariana levantando con conciencia los ideales de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora, sus fusiles están al servicio de los derechos y garantías sociales de los humildes, de la soberanía y de la construcción del socialismo. Sin lugar a dudas, el ejército que quería Alí y que tantas veces reclamó. “La canción necesaria tal vez no llegue a dirigir batallones, pero ayudaría a formarlos”.

Hace 28 años sembramos al cantor de los humildes, de los explotados y de los oprimidos, allá en Falcón, su amado estado, tal como no los pidió siempre, al partir entre nosotros físicamente: “Cuatro metros bajo tierra, con flores rojas, puño en alto y el compromiso de seguir luchando por la patria, camarada”. Alí Primera es de los muertos que nunca mueren, permanece presente en la lucha de los pueblos por su liberación. ¡Que no calle el cantor, que su canción permanezca siempre en la garganta de los obreros, de los campesinos, de los estudiantes! Por su propia fábrica, su propia tierra y su propia idea, “busquemos con alborozo el sol maravilloso de la revolución”.

El mejor homenaje para el panita Alí es mantener su pensamiento hecho canción: “Hay que luchar para que el hombre viva una sola época: la humana”.

 

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