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28.ene.2013 / 03:12 pm / Haga un comentario

Aquí en Caracas, Martí escribió: “Honrar, honra”. Por los que  antes de escribir sobre José Martí, queremos comenzar por rendirle homenaje al Libertador Simón Bolívar, el líder histórico que más influyó en el maestro espiritual de todos los cubanos y cubanas, cuyo 160 aniversario de su natalicio celebramos hoy.

¿Quién era el Hombre de la Edad de Oro? Como toda persona que trasciende y funda, es menester buscar y entender a Martí en su propio escenario histórico. Desde él centella “el hombre más puro de nuestra raza” –al decir de Gabriela Mistral- y a la vez uno de los personajes más integrales y ecuménicos de la historia humana.
Martí fue un luchador y un estratega revolucionario excepcional, poeta espléndido, renovador de la lírica hispanoamericana;  cronista de su época; periodista de opinión; orador culto insuperable, de singular pasión y estilo de opinión; profesor de literatura, lengua y oratoria; diplomático múltiple –representó a tres países latinoamericanos a la vez-, novelista; escritor de teatro; editor de revistas; traductor del francés y el inglés; musicólogo; crítico literario; escritor para niños y niñas; creador de una doctrina política, filosófica, educacional y ética; elaborador y ejecutor de un proyecto de liberación nacional, social y espiritual, con el fin de contribuir a la segunda independencia de nuestra América; organizador impecable y dirigente supremo de la guerra de independencia, sustentada en la unidad de los revolucionarios y en el primer partido concebido con ese fin, y no con propósitos electorales; hijo y padre entrañable que supo armonizar su vida íntima y pública superando angustias e incomprensiones; ejemplo apostólico de sacrificio y entrega a la Patria, a la virtud y al mejoramiento humano.
El 17 de mayo de 1895, en el campamento de Dos Ríos, Cuba, Martí escribió su última carta:
“Mi hermano queridísimo: Ya puedo escribir: ya puedo decirle con qué ternura y agradecimiento y respeto lo quiero, y a esa casa que es mía, y orgullo y obligación: ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber –puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo – de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin (…)”.
Dos días después, murió en combate contra las fuerzas españolas. Al conocer la noticia de su muerte, el poeta Rubén Darío exclamó: “¡Maestro, que has hecho!”. En realidad, aquel 19 de mayo de 1895, Martí rubricó con sangre todas las palabras de su fecunda existencia.
Al caer Martí recién iniciada la guerra, el peligro de frustrarse su proyecto estratégico creció dramáticamente. El pueblo cubano logró desgastar y estaba a punto de derrotar a las fuerzas españolas; pero Estados Unidos truncó esa victoria e intervino en 1898 para apoderarse de la Isla, creándose el 20 de mayo de 1902 la primera república neocolonial del continente.
Correspondió a la Generación del Centenario del natalicio de Martí, reivindicar, a partir del asalto al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953, las ideas políticas y éticas del Apóstol, a quien Fidel Castro identificó entonces como el autor intelectual de aquel estallido de decoro. Tras el triunfo de la Revolución Cubana, el pensamiento martiano no ha perdido vigencia, y orienta y estimula desde su inmensidad las epopeyas de la nación cubana.
Al exaltar a aquel ser humano fiero y tierno, de la levita negra y la imagen redentora, 160 años después el Hombre de la Edad de Oro nos sigue emocionando, nos guía cada día, y nos indica hacia dónde ir: desde su mirada visionaria, amable y exigente, obtenemos fuerza y rigor para continuar su utopía.

 

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